"Se le volteó la tortilla"
Por Orlando Viera-Blanco (El Universal, Caracas, 24 de Julio, 2009)
Las constituciones no pueden ser modificadas por la actitud maniquea de un gobernante
Después de algunas semanas fuera del país, es inevitable volver a las letras, sin caer en Honduras. Esta pequeña nación centroamericana poco imaginó atrapar la atención del mundo, no sólo en términos de ranking noticioso, sino en permanencia de titulares y examen del fenómeno. ¿Golpe de Estado? El asunto no es tan determinante. Honduras está registrando que las constituciones como expresión suprema de soberanía popular, no pueden ser atropelladas ni modificadas por la actitud maniquea de un gobernante a cuenta de la misma soberanía, y que las cartas magnas de derecho, no son libritos que se refrendan ni se sustituyen, con trapos rojos improvisos y a capricho, sino por mecanismos jurídicos inquebrantables.
En varios países del depuesto telón de acero, veíamos como evolucionaba la noticia. De entrada fue reseñada como "golpe de Estado a Zelaya en Honduras". Pero a medida que se conocían los antecedentes del coup de état, los contenidos informativos daban cuenta de otra realidad: las agresiones de Zelaya a su Constitución; el desacato a la orden de la Corte Suprema y del Congreso en suspender la consulta refrendaria de reelección (no prevista en la Constitución); la descarada injerencia de Chávez, Fidel, Evo, Ortega, Kirchner y Correa en la política interna Hondureña; la posición de EEUU y de la UE (que apestaba a apresurada por ser inaudita parte) y la conducta -unipolar- del señor Insulza. Semanas más tardes el mentado golpe de Estado ha tornado variantes y eximentes. Analistas Europeos ahora hablan de legítima defensa del Estado de Derecho y de la democracia. La OEA se asemeja a un club de Presidentes. Se reivindica la separación de los poderes. Se precisa el concepto de soberanía, que no es un naipe o carta comodín que supera la norma o Carta Magna& Se pulsa la aplicabilidad de la Carta Democrática a gobiernos que persiguen a la disidencia y atentan contra la libertad de expresión. Se apresan las contradicciones (y sumisiones) del discurso contra-imperialista. Se identifica el guión Fidel-Chávez: "legitimar" la perpetuidad en el poder a través de esquemas de control electoral tarifados e inconstitucionales; se pone al desnudo la incoherencia y la manipulación, y los hechos derrotan la retórica. Se viene aclarando que democracia no es obediencia a mayorías repentinas. Es respeto a la ley& Señores: se volteó la torta. Recojan sus pañoletas de Honduras.